lunes, 19 de febrero de 2018

1979- ZAFIRO Y ACERO


Conforme la década de los setenta llegaba a su fin, la ciencia ficción tanto en el cine como en la televisión experimentaba importantes transformaciones. En Estados Unidos, el género había ido aumentando y consolidando su popularidad durante los años de la Guerra Fría y terminados los sesenta ya no tenía inconvenientes en abordar temas potencialmente polémicos en una nación dividida. Con mucha frecuencia, los autores optaban por imaginar el futuro como una pesadilla distópica que podía hacerse realidad si las naciones no efectuaban cambios inmediatos en lo económico y social.

La ciencia ficción consiguió sobrevivir a este bache pesimista y volver a ofrecer aventuras espectaculares de puro entretenimiento hasta el punto de que, desde el estreno de “Star Wars” y hasta hoy, Hollywood considera a este género uno de sus filones más seguros a la hora de hacer taquilla. Aunque las películas de los setenta parecían más preocupadas por lanzar inquietantes avisos sobre el futuro que despertar el sentido de lo maravilloso, tanto la televisión norteamericana como la británica ofrecieron un espacio para formatos más tradicionales que combinaban la CF con la acción y la aventura y que se acercaban al tono de programas clásicos de los cincuenta y sesenta. Fue el caso de “Sapphire and Steel”, “Zafiro y Acero”.

miércoles, 14 de febrero de 2018

2002- EQUILIBRIUM – Kurt Wimmer



En el siglo XXI, con la fundación del estado de Libria tras la Tercera Guerra Mundial, se ha decidido acabar con los conflictos bélicos y la violencia social por el expeditivo método de suprimir los sentimientos y, consecuentemente, todo aquello que pueda suscitarlos, como las obras de arte, la literatura o la música. Así, la población se mantiene drogada con Prozium, un medicamento que debe tomarse dos veces al día y que suprime las emociones y el lado más sensual –en su sentido más amplio- de los ciudadanos. Por supuesto, ello los convierte en dóciles y apáticos peones controlados por los líderes.

sábado, 10 de febrero de 2018

1951- AMOS DE TÍTERES -Robert A.Heinlein



En 1949, la Unión Soviética revelaba al mundo que, por fin, contaba con el poder atómico. Años atrás, el editor de “Astounding Science Fiction”, John W.Campbell Jr. y su plantilla de escritores ya habían advertido en sus relatos y editoriales que el término “secreto científico” era en sí mismo una contradicción. El propio proceso científico de observación, reflexión y experimentación no era patrimonio de ningún país y antes o después cualquier conocimiento acabaría en manos de todo el mundo. El secretismo, además, ponía en riesgo a todo el planeta al aumentar las posibilidades de provocar una catástrofe, un argumento explorado, por ejemplo, por Philip Wylie en su relato corto “Error”, en 1946. A pesar de ello, los militares se empeñaron durante años en negar lo inevitable. En 1948, el general Groves, director del Proyecto Manhattan, había tratado de apaciguar la inquietud pública asegurando que la Unión Soviética “sencillamente, no tiene suficiente industria de precisión, capacidad técnica o número de científicos para siquiera acercarse a duplicar el magnífico logro de los empresarios americanos, el trabajo especializado y los científicos que hicieron del Proyecto Manhattan un éxito”.